Rubén Fontana
En su desarrollo, la sociedad fue evolucionando al modo trabajoso de los siglos y las adversidades, a veces dramáticamente, en pos del progresivo bienestar de los individuos que la conforman.
Un Estado es, en teoría, la forma contenedora de los comportamientos sociales, el marco de referencia en el que mujeres y hombres se basan para proyectar la ilusión de la vida, del futuro.
Cuando desde sus instituciones el Estado quiebra esas expectativas se produce un vacío, peligrosamente urgido de ocupación, por lo general lindante con el caos.
Sin el reconocimiento de los valores de la Justicia, sin la posibilidad de un trabajo digno, con una instrucción tan magra como el mismo alimento, sin expectativas de progreso a mediano plazo, el individuo, incontenido, busca de manera desesperada la salida individual; a veces mediante recursos “laterales”, otras, a través de caminos abismales.
¿Adónde fueron a parar los aportes que con sus vidas y sus alientos pagaron nuestros abuelos para fundar y formar las bases de esta nación Argentina; adónde los sacrificios de nuestros padres por generar el progreso, entendido éste no como un bien material, sino como el acceso de su descendencia a la evolución de la cultura general?
¿Por qué, habiendo usufructuado y descartado todo el universo social, el Estado pretende que el ciudadano se comporte socialmente? ¿Qué valores y ejemplos podemos exigirle a un hombre cuya dramática subsistencia transcurre en pos de un plato de comida, sin ninguna contención de las instituciones que conforman un Estado?
Hay, sin duda, muchos retrocesos. El más importante, por las consecuencias nefastas e irresponsables de su propia necedad, está en los valores morales de los que nos dirigen, en los que se prestan al juego político para lograr beneficios personales, en todos los que con ello están jugándose las vidas ajenas, dilapidando los esfuerzos de otros y las historias que se les han vuelto desconocidas; alejados, entretenidos en el juego del poder.
¿Estaremos en un momento de inflexión? ¿Será el momento de pensar en otro diseño de Estado?
La tapa reproduce una imagen tomada de un monumento en la Plaza del Congreso de la Nación de la Ciudad de Buenos Aires.
|