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Hrant Papazian
 

Alfabeto 2.0

 







 

Una propuesta teórica y científica para la emancipación de la tipografía y el aumento de su funcionalidad es transformar sustancialmente las estructuras alfabéticas básicas de uso corriente. De esta manera, aumentará la legibilidada de las letras.

Pablo Cosgaya y Jorge de Buen Unna:
Hrant Papazian no es alguien que pase inadvertido, excepto cuando uno se lo encuentra en la calle. En persona es casi anodino; sin embargo, en el anonimato de la Internet cambia de personalidad e irrumpe en los foros como caballo en cristalería, muchas veces con ideas que parecen alocadas pero que, en el fondo, están mucho mejor razonadas de lo que podría percibirse a primera vista.

Afirma lo que ya sabemos y por pereza mental no aprovechamos: que el alfabeto es un bien común de toda la humanidad, que merece y necesita reformas para cumplir mejor sus funciones. Sostiene sus propuestas con argumentos que además de sólidos son éticos, y nos presenta un panorama científico y crítico que no estamos acostumbrados a soportar.

No se trata de estar de acuerdo o no con Hrant, sino de conocer más a fondo su pensamiento a veces raro, a veces exótico, siempre enriquecedor. Se trata de cuestionarnos esta insana costumbre de aceptarlo todo porque sí. ¿A quién se le ocurre pensar que las letras, que tan bien nos han servido durante miles de años, pueden perfeccionarse con unos cuantos plumazos? El pensamiento de Hrant inquieta, porque subvierte el estado de las cosas del diseño tipográfico. Es impertinente y divertido, desprejuiciado, enérgico en sus propuestas. El estudio de su trabajo exige tomar partido y prepararse para el debate.

El artículo que presentamos a continuación tiene un predecesor llamado “Improving the tool” (literalmente: «Mejorando la herramienta»). El texto original, cuatro veces más extenso, está incluido en una obra colectiva de título muy sugerente: Graphic Design and Reading: Explorations of an Uneasy Relationship, editada por Gunnar Swanson y publicada en el año 2000 por Allworth Press (más información en http://gunnarswanson.com/GDandR/GDandR_Book.html). No fue en ese libro donde nos sometimos por primera vez al apasionado pensamiento de Hrant, pero sí donde encontramos un arsenal de argumentos que nos hablaban de reflexión, claridad mental y sensatez. Desde entonces sentimos el apremio por dar a conocer estas ideas a los lectores de tipoGráfica, y nuestro amigo Hrant Papazian, en una muestra de generosidad y gentileza, accedió a compendiar su excelente artículo especialmente para este número.

Alfabeto 2.0 Hrant Papazian

El alfabeto latino está adquiriendo mayor importancia en todo el planeta. Posee un nivel de abstracción que facilita el tránsito cultural; además, su sencillez compositiva, así como el hecho de que consta de un reducido conjunto de símbolos, lo hacen muy fácil de “cuantificar”: para automatizar su uso, desde los tipos móviles de Gutenberg hasta el conjunto ASCII de 8 bits. Pero el alfabeto también es imperfecto; específicamente, no está bien amoldado a la psicología visual humana ni al proceso de lectura de los adultos, como he de demostrar. El propósito de este trabajo es lograr un alfabeto mejorado que pueda leerse con mayor fluidez.

El alfabeto ha evolucionado a lo largo de los siglos, y, contrariamente a la percepción popular, continúa evolucionando. Fuera de algunas notables pero raras excepciones, como la estandarización carolingia de las minúsculas, esta evolución ha sido gobernada por fuerzas “no conscientes”, tales como la necesidad de escribir con mayor celeridad. Sin embargo, a diferencia de las elecciones de diseño hechas consciente y concienzudamente, tales desarrollos pueden tener efectos perjudiciales. Por ejemplo, las minúsculas griegas gamma, ny e ípsilon (que de hecho fueron resultado de la necesidad de escribir de prisa) son mucho más fácilmente confundidas que sus parientes mayúsculas.

Escritura y lectura
Hasta el advenimiento de los tipos móviles, leímos exclusivamente letras hechas a mano; los signos leídos y escritos eran los mismos. Sin embargo, con la propagación de la imprenta, comenzamos a leer formas cada vez más distantes de la mano. Esto es completamente normal –e incluso deseable–, dado que la escritura es fundamentalmente distinta de la tipografía. Esta diferencia es ejemplificada más contundentemente en la agenda Palm Pilot, la cual nos permite ejecutar letras manuscritas utilizando una “pluma”, pero que, en tiempo real, convierte estos trazos en formas tipográficas dispuestas para ser leídas. De hecho, uno ni siquiera ve las formas que está escribiendo; ¡se trata tan sólo de ciertos movimientos, los cuales engendran las letras deseadas!

Por otra parte, la tipografía en general sigue estando muy subordinada a sus precursores manuscritos, colgada de ellos como un hijo. Si damos por hecho que la tipografía ya es un arte maduro y autosuficiente, esta fuerte dependencia parece poco natural o saludable; necesita adquirir la mayoría de edad si pretende alcanzar su genuina promesa. La mejor manera de apresurar la emancipación de la tipografía y aumentar su funcionalidad es a través de la reforma de nuestras estructuras alfabéticas básicas, apartándonos de la mano y apuntando hacia una mayor legibilidad. […]

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