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Extracto de nota

  espacio Max Kisman
Max Kisman
 

El teclado: una caja de herramientas

El límite de la tipografía es su propia esencia llamada tipo. La lectura es una ilusión que se encuentra detrás del lenguaje escrito. Las impresiones logran cambiar nuestros preconceptos y permiten un entendimiento que involucra nuestros valores en tanto suma de todas las expresiones de los sentidos: la tipografía tiene sus límites.

 

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Amo a las letras, cartas de amor
Una de mis premisas filosóficas, bastante breve por cierto, es: "La calidad del talento surge de sus limitaciones, no de sus posibilidades". Esto significa que a menudo el diseñador profesional, al tratar con las restricciones físicas y la realidad, debe ser innovador e improvisar para resolver un problema en un tiempo limitado. Debe ser práctico y eficiente. Debe saber qué es lo que busca, pero más importante será que sepa cuándo parar.
Kisman, Max. En: Heller, Steven. Education of a typographer (La educación de un tipógrafo), Allworth Press, Nueva York, 2003.

Mi fascinación por las letras y su diseño comenzó con los fabulosos y psicodélicos afiches y tapas de discos de la década del sesenta. Cuando estaba en la escuela, copiaba sin cesar las sinuosas formas de las letras sobre el cuaderno y la mochila y tomaba seriamente los pedidos que me hacían para diseñar la tapa del periódico escolar o el afiche para un evento. De esta manera, el diseño de letras no era sólo un placer, sino un trabajo.

Mi padre era artista gráfico comercial. Crecí inmerso en la ilustración, el diseño gráfico y la fotografía, y continuar esa tradición no era únicamente algo natural, sino que también parecía una ventaja en mis comienzos profesionales. Esa fascinación por las letras y sus formas estaba ligada a mi interés por el dibujo. Esbozando y dibujando podía crear imágenes con rapidez y facilidad. El texto le agregaba valor informativo a la imagen, y era evidente que el estilo de las letras ejercía fuerte influencia en el poder de comunicación que tiene el diseño y en la impresión general que causa. Si el texto estaba demasiado escondido, el mensaje resultaba confuso. Era divertido, y también un trabajo.

Mientras cursaba mis estudios en la escuela de arte, estos primeros estilos prestados evolucionaron hacia un estilo más personal. Recibí educación formal en tipografía y estudié con prestigiosos profesores holandeses de tipografía y diseño, como Abe Kuipers, Charles Jongejans, Gerard Unger y Jan van Toorn. Esencialmente, esta formación consistía en comprender que la tipografía era un medio de comunicación y una manera de transmitir un mensaje. El conocimiento de la clasificación de tipos, una óptima diagramación y la pericia técnica en su conjunto mejoraban la comunicación. El buen diseño debía ser ordenado, prolijo y responsable. Esta concepción expresaba el pensamiento de esa época en cuanto a la experimentación con métodos (¿será lo que subyace y que no vemos?) y enfoques (el poder de la comunicación en un sentido político) no convencionales. Por eso éramos distintos.

Por lo tanto, con la experiencia profesional y el transcurso de los años adquirí las habilidades del alquimista para entrenar emociones que puedan incorporarse al diseño de una imagen y un texto. El texto persuade y negocia en pos de un significado exacto. El estilo y la imagen hacen permeable el mensaje con emociones. Esta combinación crea un lenguaje visual único que, sea sutil, estridente, astuto, serio, empalagoso, sexual o estoico, nos habla en numerosos y múltiples idiomas con innumerables posibilidades. Pero la clave del éxito radica en la edición de esas posibilidades.

Las letras del alfabeto, los caracteres de una tipografía, son los bloques con los que construimos. Además de ser los símbolos usados en la elaboración de un lenguaje escrito, pueden utilizarse también para componer cualquier impresión visual imaginable. Considero que la tipografía es el arreglo visual de las letras y los símbolos. Su estilo otorga identidad. Si la composición tipográfica posee un contenido consistente, la identidad visual podrá transmitir el mensaje de manera distintiva y original. Una nueva expresión y una nueva impresión abren un espacio inédito de la mente. Sin duda, es algo apasionante. […]

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