Extracto de nota
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Dentro del curso de las reflexiones que ahora voy a presentarles quisiera especificar un teorema que considero el más apropiado para caracterizar la esencia de la modernidad, o sea, de nuestra forma de vida. Sostiene que la coyuntura moderna se distingue por el hecho de que los hombres disuelven estructuras de inmunidad que son imprecisas y las reformulan en una inmunidad de tipo exacto. Con esto parafraseo un teorema con el que todo contemporáneo está familiarizado de modo muy natural; el axioma afirma que nosotros vivimos en un movimiento civilizador que, progresivamente, conduce a los hombres en su vida cotidiana (si bien no necesariamente en sus autodescripciones) desde formas de vida religiosas y rituales hacia formas de vida técnicas y pragmáticas –formas de vida en las que la seguridad o la inmunidad son fabricadas, mientras que en las vagas condiciones de inmunidad concebidas religiosamente, la seguridad sólo podía obtenerse por medio de actos de fe–. En condiciones de vida religiosas, los hombres creen estar aliados con un principio asegurante, un dios o un suprapoder. En la época moderna, en cambio, debemos representarnos al asegurador empíricamente y volverlo accesible bajo coordenadas terrestres. En este sentido, el negocio moderno de la seguridad se relaciona con la operacionalización del servicio que antes sólo correspondía a Dios y a sus representantes terrenos. Cuando ya no contamos con los catorce santos auxiliadores que respaldaban a los viejos católicos europeos, necesitamos compañías de seguro y de reaseguro (por cierto, las compañías de reaseguro son teológicamente superiores, pues en la jerarquía de los prestadores de seguridad ocupan un nivel más alto que los agentes de seguro corrientes). Quisiera permitirme, en lo que sigue, describir con un poco más de detalle algunos rasgos de aquello que, a mi modo de ver, constituye el panorama de las condiciones de seguridad modernas. En esto parto, ante todo, de los tiempos de la temprana modernidad, cuando se dieron los primeros pasos hacia el descubrimiento de las estructuras de inmunidad modernas, tecnológicamente entendidas. Los filósofos no son generalmente conocidos por dialogar con los agentes de seguro, aunque es un error creer que esta falta de comunicación corresponde a una falta de conexión en los hechos. En verdad fueron los filósofos, antes de que las aseguradoras entraran en escena, junto con sus colegas, los teólogos, los pioneros en el terreno de las técnicas de la certeza y la seguridad, por el simple motivo de que la filosofía (antes de modernizarse, es decir, antes de que se pudiera permitir apostar a la inseguridad, a la falta de respaldo, al abismo) estaba obligada a justificarse afirmándose como una actividad que colocaba a la vida humana sobre el más seguro de los fundamentos: sobre el fundamento de los fundamentos, el buen fundamento del todo, sin importar si éste era presentado como el Dios de los filósofos, que todo lo comprende y sostiene, o como el cosmos, del cual los hombres de ningún modo pueden escapar. La filosofía en su forma clásica era un ejercicio de optimismo absoluto. […] Más información en página 16, tipoGráfica 64 |
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