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Francisco Baggiani
 

La señalética del reverendo Dodgson

Señales y semiosis

La comunicación visual implica dimensiones semánticas, sintácticas y pragmáticas que habitualmente son ignoradas u olvidadas en la implementación de sistemas señaléticos, lo que los convierte en inútiles para los usuarios. Las señales que recibe la niña más célebre de la historia de la literatura y las que ofrecen los subterráneos porteños dan cuenta de este extravío.

Señal

Elementos tomados de la publicidad...
Entradas del subte, estación Independencia
 

La mayoría de los estudios, análisis y publicaciones sobre diseño gráfico y, por lo tanto, también los que hablan acerca de las señales, enuncian y enfatizan que toda comunicación visual implica tres dimensiones relevantes: la semántica, la sintáctica y la pragmática, de las cuales depende la fuerza o debilidad de cada señal.

Morris enunció por primera vez estas categorías como dimensiones de la semiosis, del siguiente modo: "Las relaciones de los signos con los objetos a los que esos signos se aplican constituyen la dimensión semántica [...]. La relación de los signos con los intérpretes constituye la dimensión pragmática [...]. La relación formal de unos signos con otros constituye la dimensión sintáctica de la semiosis".

Con frecuencia, esas dimensiones se ignoran u obvian al implementar sistemas señaléticos concretos, con el resultado de que se instauran señales que resultan inútiles para quien espera disipar su incertidumbre gracias a ellas.

El objetivo de este artículo es, justamente, mostrar la importancia de considerar esas y otras categorías semióticas en el momento de generar algún sistema de señales, así como poner en evidencia la multiplicidad de factores que confluyen para el éxito o el fracaso de cualquier indicación. Para ello examinaremos tres situaciones que nos plantea el reverendo Dodgson y, también, un par de casos tomados de una señalética instaurada en la Ciudad de Buenos Aires.

El reverendo Dodgson
Charles L. Dodgson, además de diácono de la Iglesia Anglicana, era profesor de Matemáticas en la Universidad de Oxford. Si bien escribió varias obras sobre esa materia, su principal interés se centraba en la vertiente lógica de las matemáticas, sobre la que también publicó varios libros, algunos de los cuales firmó con el seudónimo de Lewis Carroll, el mismo que usó en los dos libros que, de hecho, lo llevaron a la fama: Alicia en el País de las Maravillas y Alicia a través del espejo, en los que la lógica y el sinsentido se vinculan íntimamente. […]

Más información en página 36, tipoGráfica 64


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