Extracto de nota
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La mayoría de los estudios, análisis y publicaciones sobre diseño gráfico y, por lo tanto, también los que hablan acerca de las señales, enuncian y enfatizan que toda comunicación visual implica tres dimensiones relevantes: la semántica, la sintáctica y la pragmática, de las cuales depende la fuerza o debilidad de cada señal. Morris enunció por primera vez estas categorías como dimensiones de la semiosis, del siguiente modo: "Las relaciones de los signos con los objetos a los que esos signos se aplican constituyen la dimensión semántica [...]. La relación de los signos con los intérpretes constituye la dimensión pragmática [...]. La relación formal de unos signos con otros constituye la dimensión sintáctica de la semiosis". Con frecuencia, esas dimensiones se ignoran u obvian al implementar sistemas señaléticos concretos, con el resultado de que se instauran señales que resultan inútiles para quien espera disipar su incertidumbre gracias a ellas. El objetivo de este artículo es, justamente, mostrar la importancia de considerar esas y otras categorías semióticas en el momento de generar algún sistema de señales, así como poner en evidencia la multiplicidad de factores que confluyen para el éxito o el fracaso de cualquier indicación. Para ello examinaremos tres situaciones que nos plantea el reverendo Dodgson y, también, un par de casos tomados de una señalética instaurada en la Ciudad de Buenos Aires. El reverendo Dodgson Más información en página 36, tipoGráfica 64
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