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Extracto de nota

  espacio Marshall Berman
Marshall Berman
 

El camino ancho y abierto

Ensayo

La perspectiva moderna introduce la tensión entre lucha y contradicción, desintegración y renovación. Ser moderno es formar parte de un universo en el que, según Marx, todo lo que es sólido se desvanece en el aire.

 

 

En Todo lo sólido se desvanece en el aire (All That Is Solid Melts Into Air), se definió modernismo como todo intento de la mujer y el hombre modernos de convertirse no sólo en objetos sino también en sujetos de la modernización, de tratar de asir el mundo moderno y sentirse cómodos en él. Esta idea del modernismo es más amplia y global que la que suele encontrarse en los libros especializados. Supone una actitud abierta y abarcadora de comprender la cultura, radicalmente distinta del enfoque de curadores que fragmenta la actividad humana y encierra los fragmentos en cajas individuales, debidamente etiquetadas por fecha, lugar, idioma, género y disciplina académica.

Este camino ancho y abierto es sólo uno de muchos posibles; no obstante, tiene ciertas ventajas. Nos permite ver todo tipo de actividades artísticas, intelectuales, religiosas y políticas como parte de un proceso dialéctico, y desarrollar una interacción creativa entre ellas. Crea condiciones propicias para el diálogo entre el pasado, el presente y el futuro. Atraviesa el espacio físico y social, y revela solidaridades entre los grandes artistas y la gente común, y entre los habitantes de lo que torpemente llamamos el Viejo, el Nuevo y el Tercer Mundo. Une a las personas salvando las barreras étnicas y nacionales, y de género, clase y raza. Amplía la visión de nuestra propia experiencia, nos demuestra que nuestra vida nos ofrece más que lo que suponemos y brinda mayor resonancia y profundidad a nuestros días.

Sin duda, ésta no es la única manera de interpretar la cultura moderna, o la cultura en general. Pero tiene sentido si queremos que la cultura nutra la vida en lugar de que sea un culto a los muertos.

  Illustración Daniel Roldán

Illustración Daniel Roldán  

Si pensamos en el modernismo como una lucha para sentirnos cómodos en un mundo en constante cambio, comprenderemos que ninguna forma de modernismo podrá ser definitiva. Es probable que nuestras construcciones y logros más creativos se conviertan en cárceles y sepulcros blanqueados que nosotros (o nuestros hijos) deberemos abandonar o transformar, si es que la vida ha de seguir. Es lo que el Hombre Subterráneo de Dostoievski sugiere en su interminable diálogo consigo mismo:

"Ustedes, caballeros, quizá piensen que estoy loco. Permítanme defenderme. Estoy de acuerdo en que el hombre es por sobre todo un animal creativo, predestinado a luchar conscientemente en pos de una meta, y ser un ingeniero, es decir, dedicarse a la construcción eterna e incesante de nuevos caminos, donde sea que se dirijan... No cabe duda de que el hombre ama la construcción de caminos. Pero... ¿será posible que tema instintivamente alcanzar la meta y completar la construcción? ¿Cómo podemos saberlo? Quizá sólo le guste la construcción de lejos y no de cerca. Quizá sólo le guste el hecho de construirla y no su uso". […]

Más información en página 24, tipoGráfica 65