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editorial

Colores que dejaron marca       
Zalma Jalluf

1. Toda invención requiere cierto arbitrio y una dosis precisa de antecedencia y convención que la hagan legitimable. En la comunicación, cada nueva palabra es un concepto previsto y necesario; cada nueva imagen, una forma amparada en una función latente. Todo lo que se comunica por primera vez, ya fue dicho.

2. Cuesta imaginar al prócer, a orillas del Paraná, en su encuentro con la musa que le dicta los colores del distintivo que aún usamos cada vez que creemos unirnos en éxitos o desgracias. Todas las teorías vislumbraron respuestas al cómo y al dónde, pero la circunstancia señalaba el para qué. ¿Por qué necesitó Belgrano identificar cromáticamente a su ejército, qué quiso decir a sus contemporáneos y cuál era el debate del momento?

3. Allá, en el Viejo Mundo, el autoproclamado rey de la América "India" claudicaba ante Napoleón. En sus posesiones del Sur las gentes, aunque cundían en revoluciones, aún vacilaban… ¿cómo responder ante la oportunidad de los hechos? La historia había alineado sus acontecimientos para que en el Mundo Nuevo alguien intimara a la opinión pública: allí donde se creía ver la forma de una bandera se pronunciaba con premeditada alegoría la palabra independencia. No casualmente, Belgrano era de los pocos que hablaban en esos prohibitivos términos. Sarmiento lo explicó así: la necesidad estaba latente, el debate, instalado, la opinión pública, receptiva. Todo un universo de causas despertó las virtudes comunicadoras de Belgrano: con su más famoso diseños bicolor manifestó la decisión, previa, de devolverle la propia voluntad a su gente.

4. Distintivos, señales, identificadores, marcas; las batallas han mutado pero cualquier elemento que represente la identidad de un país debe seguir siendo mucho más que el resultado de debates entre diseñadores. Se trata de poder captar ese proceso colectivo que puja desde dentro hacia afuera y, como en aquellos tiempos, contar al mundo un mensaje que vislumbre nuestra idea del futuro.