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editorial

Principios y fines, ciclos y balances       
Zalma Jalluf

1. Es inevitable: las noticias, o más bien las narraciones de lo ocurrido, se acomodan cada fin de calendario en austeros balances que tienen pocos reflejos de memoria. Todo un género literario que nos sorprende cada fin de año, meros amontonamientos de títulos e imágenes excluidos de los dolores y las esperanzas que los gestaron. La Argentina vivió un año intenso en intentos de cambio, que resbalan ante el panorama de la eterna deuda de tareas pendientes. Pero no todo será balance de lo no hecho: hemos vuelto a saber o, por decirlo de otro modo, hemos recordado que lo pendiente, o aquello de lo cual pendemos, sigue siendo la distribución del bienestar. Y que cada cual ocupe esta concreción con los contenidos que apetezca.

2. Un encuentro declara en América que la Argentina, al igual que Uruguay, Paraguay, Perú, Brasil, Venezuela, etc., también es América, y aun así no se encuentra en condiciones de intercambiar comercio, de igual a igual, con la otra América, que de ninguna manera nos trata como a iguales. Hay una América plural, formada por los dramas colectivos de todo un continente, y otra absoluta y simple que a ese colectivo le viene expropiando hasta el nombre. Extraña patología la de los americanos: navegar entre dos Américas homónimas y antónimas a la vez.

3. Pero en el continente de la pobreza contamos siempre, aunque impredeciblemente, con el fenómeno de la manifestación humana. Buenos Aires fue elegida por la Unesco como la Ciudad del Diseño por ser la urbe más densamente poblada de estudiantes de disciplinas relacionadas con el diseño en el mundo. Es un triunfo de la masividad y otra maravillosa contradicción en un país donde industrias y servicios todavía están buscando reinstalarse. La distinción honra y sorprende, pues por primera vez se mide el desarrollo de una actividad con la vara de la educación, en nuestro caso, un bien posible y necesario.