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La propensión.
La primera experiencia de Alain Le Quernec con la imagen evidencia su propensión a la futura enfermedad. Originario de Bretaña, región francesa cuya economía es de primer nivel (en especial por la agricultura, la pesca y la ganadería) y que en los años 40 constituía una de las zonas más atrasadas de Francia, situada a 600 kilómetros de París, Le Quernec nos cuenta: «En mi infancia se pintaban anuncios publicitarios sobre las paredes de las casas que bordeaban la carretera. Loupot, uno de los padres del grafismo francés, había creado la imagen del aperitivo St. Raphael, que representaba la silueta realista del perfil de dos hombres: uno rojo, el otro blanco. Un día, Loupot renovó la identidad de St. Raphael, haciendo un dibujo geométrico, simplificado, de las dos siluetas: los perfiles realistas se transformaron en una composición abstracta, incomprensible para un niño de cuatro años, que se esforzaba por entender, por dilucidar cómo era posible cambiar la cabeza de un camarero por un círculo rojo o por una informe figura blanca [...]».
El trauma.
Durante sus estudios de arte en París, Le Quernec se interesó más por la imagen pública callejera que por lo que entenderíamos como concepto oficial de arte. Su primer afiche se imprimió y publicó en 1962, y a partir de allí su atracción por la imagen evolucionó y dos futuros encuentros le marcarían el camino a seguir: una exposición de afiches polacos y Mayo del 68. La revolución de Mayo, tomó las calles de la ciudad para manifestarse. Cada mañana las paredes se llenaban de nuevas imágenes de protesta, de denuncia, imágenes trágicas o humorísticas. Ningún transeúnte podía dejar de encontrarse con afiches de la revolución que se le imponían al público, que comunicaban en masa y que se renovaban constantemente de acuerdo con la evolución de los sucesos. Los autores de estas imágenes se imponían a la sociedad, cuestionaban a los peatones, los involucraban.
Más información en página 24, tipoGráfica 69
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