(Extracto de nota)
Entrevista: Adrian Frutiger

La claridad

El diseñador suizo Adrian Frutiger es uno de los tipógrafos más reconocidos de la segunda mitad del siglo XX. Su implicación activa en el campo del diseño tipográfico a lo largo de toda su vida le ha valido la merecida condición de ser uno de los demiurgos de la tipografía moderna.

Frutiger por Adrian Progresion sobre la palbara duoane

Como corolario del ciclo editorial 2006, dedicado a los veinte años de nuestra publicación, la mejor manera de cristalizar nuestro pensamiento acerca de la cultura tipoGráfica es la palabra del tipógrafo Adrian Frutiger.

Gracias a la colaboración de Yves Zimmermann, quien amablemente realizara la traducción y edición de esta entrevista, pudimos transmitirle a Frutiger algunos interrogantes sobre tópicos relacionados a la tipografía, así como a su experiencia en torno a la letra escrita. Sus argumentos son un aporte que revela la vigencia y la vitalidad del maestro suizo.

¿Cómo fue que tomó interés por su oficio? ¿Cómo recuerda sus primeros acercamientos a la tipografía y a las particularidades de la letra?
Mi aprendizaje empezó con una visita a la imprenta. El jefe de la sección era un hombre de origen alemán, nunca fuimos amigos. Me puso ante un cajón de imprenta donde se hallaban las letras de plomo de una fuente. Al lado de cada compartimiento se indicaba la letra que se encontraba dentro. Tuve que poner letra por letra, palabra por palabra, todas invertidas –como en un reflejo en espejo– en una suerte de pequeño raíl metálico, es decir, en lo que se llama componedor.

En esa oportunidad el hombre me explicó cómo justificar la línea a la anchura prefijada; cómo poner la interlínea y componer la siguiente línea. Después de esta prueba me dio un texto entero para que compusiera. Puse manos a la obra con precaución y pasaron las horas. Lo más difícil era la justificación de las líneas.

 
Serie de logotipos Réunion des Musées Nationaux

Por la tarde había terminado mi primer trabajo de cajista. Ahora se trataba de atar con una cuerda las líneas compuestas que se hallaban en una galera [una plancha metálica con tres bordes]. El jefe de la sección hizo entonces una prueba en una prensa manual y así fue como pude leer por primera vez mi trabajo correctamente y no invertido.

Encontré muchos errores y el gerente de la imprenta encontró más todavía. Pero pese a todo, experimenté un sentimiento de felicidad del que hasta hoy me acuerdo con orgullo: ¡había elaborado la primera frase útil! Durante la noche siguiente se me hizo patente lo maravilloso que fue el invento del “arte de la imprenta”. Con sólo veintiséis letras era posible fijar todo el conocimiento, cada pensamiento, todo lo que se hablaba, en cualquier lengua, y hacerlo legible. El invento de las letras móviles de Johannes Gensfleisch Gutenberg (del que nunca había oído hablar en la escuela) era algo fantástico. […]

Más información en página 28, tipoGráfica 74

Las imágenes para este artículo fueron gentilmente cedidas por la editorial Gustavo Gili.